Daria no se ha diseñado en abstracto. Se ha construido con una clínica de Madrid: su catálogo real de tratamientos y bonos, sus formularios de consentimiento, su manera de apuntar las visitas y su año 2026 entero cargado dentro para probar los informes contra la realidad y no contra datos inventados.
De ahí salen las decisiones que parecen pequeñas y no lo son: que una cita pueda llevar varios tratamientos, porque así se venden; que el seguimiento pregunte cosas distintas según el tratamiento, porque no se vigila igual una toxina que un relleno; que el aviso de una posible complicación llegue al WhatsApp de quien puso la aguja, y no a una bandeja compartida que nadie mira el domingo.
Todavía no podemos decir su nombre. Cuando ella quiera, lo diremos.